Palabras

Hay veces que no se puede más o eso parece. Sólo dura un segundo y volvemos a jugar a ser gigantes. Hay veces que son los días los que dirigen el control y hay veces que dentro de uno existe una fuerza segura y firme que te mantiene erguido y con la cabeza alta. Hay momentos inolvidables que detendríamos en el tiempo para que no se perdieran y hay momentos que ves pasar, pensando que no solamente deberías verlos pasar. Hay decisiones erróneas que luego se convierten en aciertos y hay decisiones acertadas que luego son errores. ¿Para qué proponerse tomar decisiones inteligentes? Cada vez estoy más segura de que no tengo nada que decir.

Han sido dos semanas de vacaciones, dos semanas llenas de momentos que no surgen sin más, decidiendo en cada instante por donde caminar y por donde mirar. Dos cenas en el salón acompañada de seguridad, dos paseos, chocando con otros cuerpos conectados por cemento y aire. Luces simbólicas en un escenario construido sobre papel que en cualquier momento se derrumbará. Risas y llantos al mismo tiempo y viajes que he dejado pasar por no querer esforzarme. Silencio, sobre todo, silencio. Un silencio que me vuelve cada vez más trasparente. Invitaciones a comer, a salir, a buscar, a compartir, a beber, a hablar, a vivir... ¿Cuánto de verdad tiene todo esto? Quizás sí que lo sepamos, quizás todo el mundo sepa distinguir dónde está y cómo es, quizás sólo nos hayamos vuelto más diestros mintiendo.

Aunque no lo queramos, sólo tenemos palabras. Y lo malo es que cada vez me reconozco en más momentos en los que no caben las palabras.

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