Hace tiempo pensé que tener una grabadora sería una buena idea, así que esperé un poco y me regalaron una. Estaba ilusionada, expectante. Era pequeña, simple, de tres botones. Grababa en esos cassettes pequeñitos, el típico cassette de los noventa pero en miniatura. De los noventa, es decir, sin puerto; el sonido se queda ahí, ni va ni viene. Sonido-no-globalizado, único, no reproducible hasta el infinito en un millón de aparatos distintos. En este sentido se puede decir que es puro, no modificable, ni manipulable. Qué le vamos a hacer, todo sonido que entre en el cassette se quedará ahí, para siempre. Pero no hay problema, aquí es donde viene la parte decepcionante de la historia: nunca he grabado nada.
Bueno. Lo hice porque me pareció una gran idea. Por ejemplo, no puedo fumar y escribir a la vez. No puedo dormir y escribir a la vez. No puedo tumbarme y escribir a la vez. Sin embargo puedo dormir y hablar, fumar y hablar, incluso fregar los platos y hablar.
El punto era Woody Allen en Manhattan. Espontáneo, optimista, sincero, testimonial. Ese rollo suyo del apartamento, el jazz…y diciendo Cezanne de aquella manera. Como a quien no le cuesta nada, y poco a poco, mientras habla, cae en la cuenta y todos sus sentimientos se van volviendo claros. Eso a mí no me sucede, quizá hablando, así, como quien no quiere la cosa, sólo charlando conmigo misma, quizá.
O la curación por la palabra o esa cosa de ir diciendo y contando y que un montón de imágenes se vayan haciendo visibles, como en un cuarto de revelado. Por eso o solo por anotar, por saber cuantos minutos dura un cuento hablado, por saber cómo suena estar pensando o por saber a dónde llego si hablo sin rumbo.
En fin, pensé que sería una buena idea.
Bueno. Lo hice porque me pareció una gran idea. Por ejemplo, no puedo fumar y escribir a la vez. No puedo dormir y escribir a la vez. No puedo tumbarme y escribir a la vez. Sin embargo puedo dormir y hablar, fumar y hablar, incluso fregar los platos y hablar.
El punto era Woody Allen en Manhattan. Espontáneo, optimista, sincero, testimonial. Ese rollo suyo del apartamento, el jazz…y diciendo Cezanne de aquella manera. Como a quien no le cuesta nada, y poco a poco, mientras habla, cae en la cuenta y todos sus sentimientos se van volviendo claros. Eso a mí no me sucede, quizá hablando, así, como quien no quiere la cosa, sólo charlando conmigo misma, quizá.
O la curación por la palabra o esa cosa de ir diciendo y contando y que un montón de imágenes se vayan haciendo visibles, como en un cuarto de revelado. Por eso o solo por anotar, por saber cuantos minutos dura un cuento hablado, por saber cómo suena estar pensando o por saber a dónde llego si hablo sin rumbo.
En fin, pensé que sería una buena idea.
Empiezo a balbucear, tartamudear, carraspear. Una frase y decir no, otra frase y decir no.
Porque, ¿cómo se habla? Cómo se empieza a hablar a partir del punto cero. Esa cosa, romper el silencio, y lo peor, notar ese ruido vacilante que no estás escuchando sino sintiendo como cruje en la garganta. Cuando normalmente hablamos como si sólo echáramos aire, hay veces que hablar es algo parecido a construir monumentos o buscar algo entre escombros, y nunca se sabe cómo empezar.
Quién, cuando era importante, dijo todo lo que había que decir, o acaso algo de lo que había que decir.
Voz clara, ideas claras, sentimientos claros, como Woody Allen.
Un día, ya verás, un día voy a echarme una parrafada con voz de trueno, con humor, con sinceridad, sin pies ni cabeza o dramatizando, aún no lo he pensado.
Porque, ¿cómo se habla? Cómo se empieza a hablar a partir del punto cero. Esa cosa, romper el silencio, y lo peor, notar ese ruido vacilante que no estás escuchando sino sintiendo como cruje en la garganta. Cuando normalmente hablamos como si sólo echáramos aire, hay veces que hablar es algo parecido a construir monumentos o buscar algo entre escombros, y nunca se sabe cómo empezar.
Quién, cuando era importante, dijo todo lo que había que decir, o acaso algo de lo que había que decir.
Voz clara, ideas claras, sentimientos claros, como Woody Allen.
Un día, ya verás, un día voy a echarme una parrafada con voz de trueno, con humor, con sinceridad, sin pies ni cabeza o dramatizando, aún no lo he pensado.
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