Hay momentos en la vida en la que una sola decisión, en un solo instante, cambia irremediablemente el curso de las cosas. Situaciones tan excitantes que las palabras no tienen espacio para poder describirlas. Sólo una sensación única, egoísta, personal, te da una idea de como estás viviendo y por donde vas caminando. Decisiones nerviosas e improvisadas te dicen como eres. Y nos empeñamos en descubrir como queremos ser y damos de lado lo más importante.
Planes, objetivos, formas de relacionarnos, gestos estudiados, risas en un tono correcto, fracasos que no son fracasos, juicios, decepciones y ojos que no miran; todo esto, en vez de sentir la vida en las entrañas. No nos tocamos, no nos miramos, no nos escuchamos ni nos hablamos, solamente dejamos pasar el tiempo y contamos hacia atrás, esperando que un día ocurra algo que lo transforme todo, esa decisión que irremediablemente cambiará el curso de las cosas, pero esto no ocurrirá nunca, nunca iremos a cámara lenta, nunca sonará música mientras besas a alguien, nunca lloverá y las gotas resbalarán por tu mejilla haciéndote sentir tu cuerpo en silencio.
Asumir, disfrutar, tener paciencia, abordar con valentía, decidir, enfrentarse, soñar y, sobre todo, luchar esforzándote. Así, al menos, nos acercaremos a eso que queremos ser sin dejar de ser lo que somos.
Yo ya sólo hablo con los muertos y de tanto estar con ellos vivo como uno de ellos. En silencio y transparente como si tuviera toda la eternidad para dejar para mañana todo lo importante, como si el tiempo no me afectara, esperando quitarle segundos a la vida para que llegue el gran final de película. Donde el dolor desaparece, la calma te invade, llenando de luz lo que está muerto y donde no hay silencio. Pero en realidad todo esto no son más que palabras frívolas y triviales, quizás se pueda resumir en lo que John Lennon decía: “Porque la vida es aquello que te sucede mientras tú tratas de hacer otra cosa”.
Planes, objetivos, formas de relacionarnos, gestos estudiados, risas en un tono correcto, fracasos que no son fracasos, juicios, decepciones y ojos que no miran; todo esto, en vez de sentir la vida en las entrañas. No nos tocamos, no nos miramos, no nos escuchamos ni nos hablamos, solamente dejamos pasar el tiempo y contamos hacia atrás, esperando que un día ocurra algo que lo transforme todo, esa decisión que irremediablemente cambiará el curso de las cosas, pero esto no ocurrirá nunca, nunca iremos a cámara lenta, nunca sonará música mientras besas a alguien, nunca lloverá y las gotas resbalarán por tu mejilla haciéndote sentir tu cuerpo en silencio.
Asumir, disfrutar, tener paciencia, abordar con valentía, decidir, enfrentarse, soñar y, sobre todo, luchar esforzándote. Así, al menos, nos acercaremos a eso que queremos ser sin dejar de ser lo que somos.
Yo ya sólo hablo con los muertos y de tanto estar con ellos vivo como uno de ellos. En silencio y transparente como si tuviera toda la eternidad para dejar para mañana todo lo importante, como si el tiempo no me afectara, esperando quitarle segundos a la vida para que llegue el gran final de película. Donde el dolor desaparece, la calma te invade, llenando de luz lo que está muerto y donde no hay silencio. Pero en realidad todo esto no son más que palabras frívolas y triviales, quizás se pueda resumir en lo que John Lennon decía: “Porque la vida es aquello que te sucede mientras tú tratas de hacer otra cosa”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario