Composición estética

Hay como siempre una basura de olor a naranja, café y cigarrillos. Hay esa fascinación por una composición estética metalizada, casual, azulada.
Hay un bucle de cajas negras, estampas vacías, palancas que caen. Y un júbilo y una celebración maquinal, estacionaria, imprudente.
Y anonadados por la calle. Y esos olores a grasa que ahora asquean ahora hipnotizan.
Y sin duda pétalos, o flores enteras por los suelos. Agua en la boca, blancos y rosas, escrúpulo.

Y todos quieren una casa en mi casa. Un boletín. Un espía secreto.
La propuesta número cuatro del libro gordo. Aquél punto en el que explican la distancia adecuada, la mirada adecuada. Cómo mover la boca adecuadamente. Cómo ahuecarse el pelo adecuadamente. Cómo andar cercanos, o estar quietos adecuadamente.
De joven tuve que limpiar algunas sillas desde las patas. Aprendí la limpieza, la exigencia. Eso es lo que hay; mugre y competencia.
Ahora los paisajes están ladeados, desfondados, marchitos.
Y no es triste.

Ya no es lo que se ve lo que pasa sino lo que se oculta. Y esto de descifrar y ensayar y obviar lo común le quita mucho tedio, mucho tedio a las tardes que tantos llaman fabulosa.

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