Voy a intentar por todos los medios que esto que escribo no acabe en palabras huecas que no dejan espacio ni para el miedo; palabras afiladas y retorcidas que vienen de una mente desequilibrada y angustiada por preguntas sin respuesta y soluciones inexistentes. Que la negatividad no pese más que el aire que respiramos y las lágrimas no resbalen sin control alguno por nuestras mejillas. No sé si quiero decir algo o simplemente tecleo para ir comiéndole “cachos” al día, de una forma u otra aquí estoy, dispuesta a dejar volar los sueños a sus anchas por mi habitación oscura y fría donde las mentiras han dejado de tener sentido.
Y vuelvo a querer encontrar un objetivo que haga que me sienta menos insegura y me de respuestas inmediatas al porqué de todo esto. Y no me refiero al porqué del aquí y el ahora, sino al porqué de todo esto, sí, al porqué de todo esto. Volvedlo a leer. AL PORQUÉ DE TODO ESTO. Siento que lo que me rodea es una broma pesada que un día sin darme cuenta terminará y por fin empezaré a disfrutar de los buenos momentos que mi memoria guarda bajo llave. Pero ahora mismo solamente veo rostros llenos de críticas, ojos blancos vacíos y gestos dolorosos. El porqué de todo esto no es más que un mundo donde la educación no es importante, el respeto no se conoce y el dinero y la religión están por encima de nuestras cabezas, sobrevolando a nuestros pensamientos e impidiendo que seamos seres humanos. Sólo es eso, hemos dejado de ser humanos y hemos pasado a ser algo que no conozco y me da miedo. El éxito no tiene sabor ni olor y me gustaría, a veces, que las personas no actuaran según el cliché que tienen.
Creo que he vuelto a no decir nada, espero que en un futuro esto no me vuelva a ocurrir y hable de cosas concretas, porque cuando se hablan de cosas concretas a mí me parece que se entiende todo un poco mejor. Quizás sea que a pesar de tener miedo, aún sigo creyendo que hay algo en lo que puedo centrarme sin salir corriendo. Algún día elegiré un tema y solamente hablaré de él; hoy por hoy, no puedo.
Un consejo y perdona el atrevimiento (por supuesto todo esto lo puedes tirar a la basura del olvido), no elijas un tema: encuéntralo.
ResponderEliminarNo trates tu cabeza como si fuese una bola mágica de donde salen temas o soluciones. Sino más bien como un horno: para que salga "algo", primero hay que meter otro "algo".
Creo que lo que nos rodea no es una broma pesada. Es verdad que a veces lo vemos así y lo comprendo. Pero creo que en ese momento no vemos más que reflejos de nosotros mismos (esas caras que comentas me parecen más miradas tuyas hacia ti misma, como un espejo en el que no te apetece reflejarte). No podemos encontrar nada porque aunque creamos que buscamos, en realidad solo removemos en el desván de nuestro cerebro sin ventilar, donde se acumula el polvo, y hasta nuestros mejores recuerdos se ocultan, como dices.
Encontrar es abrirse, reconocer que "la verdad está ahí fuera", eso si, cuando se entremezcla con lo de aquí dentro. Solo reconociendonos como apertura, seres en constante creación (pienso que no podemos llegar a ese ente imaginario que llamamos uno mismo). Eso sí, cuando uno se abre ocurre la magia del encuentro. Eso tan tenue y abrumador a la vez, cuando no impertinente, que solemos llamar "sentido". En ese momento mágico lo que nos llega se transforma en ese recipiente alquímico, que es nuestro cuerpo en ese instante. Es entonces cuando se crea: Somos algo renovado, diferente a hace un instante (lo otro que encontramos también cambia en el encuentro). Pasa como cuando comemos. arrebatamos algo al mundo, lo transformamos, lo digerimos y nos construimos (y desechamos lo que nos sobra, lo que no nos vale, lo que no hace vibrar ningún resorte interno)
Cuando ese yo transformado tiene lugar es un descubrimiento nuevo, y nos da energía para caminar de nuevo, y seguir saliendo y encontrando, y nos sentimos entonces más seguros, y qué demonios, hasta disfrutamos (y ahí no hay pregunta por el sentido porque ya lo poseemos sin saberlo, hasta que llegue el dia en que haya que ventilar de nuevo nuestra cabeza y barrer el polvo).
Lo que encuentramos puede ser cualquier cosa. Puede estar en la frialdad de nuestro cuarto, puede ser alguna de esas miradas que dejan de mirarnos y solo se expresan, puede ser algún recuerdo que se actualiza con fuerza, puede ser arte, o piedras del camino... casi siempre es alguien. Solo hay que descubrirlo. Ver. Nno vernos. Al fin y al cabo cuando vemos afuera, vemos ese yo, aunque sea una pizca diferente, en el que nos hemos convertido.
Otra cosa: esto no es un esfuerzo, mas bien un abandono, un dejar que se manifieste la curiosidad (necesidad)por descubrir y que eso resuene con fuerza dentro de nosotros. Tal vez, entonces, lo queramos expresar y manifestarlo, comunicarlo, escribirlo.
Gracias por tu comentario. Encontrarme con él me ha permitido seguir caminando.