Saltar a la pata coja

Qué difícil es empezar algo que solamente has tenido en la cabeza y nunca has hecho el intento de llevar a cabo. Tanto tiempo encerrado en un espacio minúsculo del cerebro, esperando a que llegue el momento en el que se decida poner uno manos a la obra. Han pasado muchos días queriendo hacer esto, trazando planes y meditando de cómo sería. Y, hoy, llegados a este punto, veo todas las incapacidades sobresaliendo por mis dedos al presionar estas letras descolocadas y sin sentido. Pero no pretendo convertir esto en un montón de reflexiones individuales y tristes. Quiero creerme que puedo y que escribir no es sólo algo que tengo encerrado en mi cabeza, quiero creer que puedo comunicar y luchar de la mano de los lectores para crear un espacio libre donde la cultura, las pasiones y las cosas de verdad importantes, valen más que un conjunto de seres humanos viendo la televisión a la misma hora y hablando del tiempo en el mismo espacio. Que no digo que esto sea un error, sólo que para la que escribe poesía, “poniendo su alma en papel” y para mí existe algo más que nos hace movernos y respirar por las mañanas, algo tan sencillo como brindar con una cerveza o reír a la vez sin necesidad de explicar un porqué.

Escribir no es un pasatiempo, escribir es una forma de vivir en el que es posible hacer realidad todas las ilusiones que nuestra imaginación lleva a cabo a lo largo de los segundos, los instantes que no podemos detener ni guardar pueden quedar dibujados en líneas de tinta para no ser olvidados. Escribir es una forma de encontrarse a uno mismo si uno mismo está dispuesto a encontrarse, puede ser doloroso o esperanzador y puede ser el remedio invisible que todos andamos buscando.
Me está constando no dar rodeos sin fundamento, me resulta muy difícil unir palabras con significado que realmente trasmitan algo; a veces me pregunto si el objetivo de todo esto es trasmitir algo, ¿quién soy yo para considerar que estas reflexiones puedan trasmitir algo importante? Una vez aquí, me limitaré a escribir sin más y sin esperar un final argumental: el fin está en la propia acción. Y si en algún momento me siento lo suficientemente ridícula cerraré lo ojos muy fuerte y me iré a las clases de Gabilondo donde todo era de color granate y con olor a tomillo.

Supongo que esto sólo es el principio de algo que espero lograr, haremos entradas con soluciones enormes y haremos entradas que no digan nada. Realizaremos listas de sólo cosas buenas y hablaremos sin escondernos detrás del miedo. Da igual que sea una poesía, una reflexión o un relato. Todo, absolutamente todo, dirá algo de nosotras. Una foto, un vídeo de YouTube o una receta de cocina. La situación es muy sencilla: “sal, da una vuelta y enseña los dientes, salta a la pata coja y siente que estás vivo”

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