Mientras encuentro algo mejor que hacer.
Un propósito de no quejarse durante veinte días, donde las
críticas, los juicios y las miradas condescendientes no caben. Escribir sólo
cosas buenas. Sentarme a mirar cómo pasan los segundos y no importarme. Cerrar
los ojos y poder tocar el destello del tiempo. Sentir como la vida se mueve
estando quieta en un semáforo. Encontrar un espacio donde no hay que pensar,
simplemente estar. Hablar con los fantasmas tuteándolos. Levantarme por la
mañana con una sonrisa sincera y mirar por la ventana para ver al aire bailar.
En el fondo, o jugamos a ser valientes o no.
Mientras encuentro algo mejor que hacer.
Escucho Courage de
Sarah Polley, esperando que cuando termine todo sea de otra forma. Una y otra
vez. Intento escribir de una forma que no sé. Las palabras me atraviesan la
cabeza, dejando imágenes muertas desde su comienzo. Consigo hacer que las
sensaciones creadas sean reales por un instante, eso me asusta. Ideo una vida
nueva y me doy cuenta de que sólo tengo ésta. A veces creo que no lo voy a
conseguir, pero sigo dando pasos. Pasos torpes y lentos. Ayer hablé con una
profesora de filosofía y me dijo que si escribía ensayos. Contesté con una
vacilante risa nerviosa.
Escucho música china, parece que estoy en un restaurante
comiendo rollitos de primavera, no sé por qué. Quizás sea para esconder todo lo
demás, o simplemente para reconfortarme con lo desconocido. Lo desconocido
siempre tiene dos puntos de vista.
Mientras encuentro algo mejor que hacer.
Disimulo sonriendo y encontrando sentido a la vida. Comparto
mi forma de ser con otros, explico cómo y por qué miro así, toco así, decido
así, pienso así, sin ningún avance. Hago la comida, veo series, hago planes,
duermo, consumo, fumo, sueño, escucho, busco… Mientras encuentro algo mejor que
hacer.
El final es ser un «anciano sabio». Cuando ya no hay que dar
palos de ciego, explicaciones imposibles, esperar esperanzas que no llegan
nunca. Donde los errores cometidos son igual de valorados que los aciertos.
Cuando ya está todo hecho, cuando por fin, sin quererlo, se consigue el
equilibrio. El final es ser un «anciano sabio».
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